Vení y mirá
que el cielo es infinito;
vení y mirá,
conmigo.
Veamos esta tarde
que no puede acabarse todo,
aunque sea por esta tarde
las violetas son para siempre.
Vayamos y miremos
alguna vertiente fluorescente;
juntos,
hoy, que todavía podemos.
Vení y vaciá tu alma
en una de esas
sonrisas nacaradas
para mí.
lunes 29 de marzo de 2010
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