lunes, 4 de enero de 2010

Redención

... Y por favor pido un aplauso de pie...

"...Cierto día, de esos en que las hojas amarillas se abrazaban a las marrones obligadas por el viento y mis pies no aguantaban la tentación de separarlas, de esos en que la belleza del día me susurraba en los oídos que la ame, en que las nubes formaban los labios de la liviandad y el placer del mundo, y en que mi amor por la vida llega a la cima de la mía; levanté la mirada para encontrar frente a mí a lo último que esperaba sonreírle por reflejo: un nene pidiéndome una moneda. No se que pensé en ese momento, en realidad pensé tantas cosas que ahora no puedo recordarlas; sé que solo miré al nene, flaquito, haraposo, sucio, despeinado, descalzo, con frío y seguramente desnutrido...y me dio asco. Lo miré por varios segundos mientras él hacia lo mismo conmigo, sentí que deseaba quedarse a vivir en mis ojos, sentí que su mano se estiraba cada vez más para robarme el corazón...y después no sentí nada, lo aparté de mi lado y continué con mi camino. Seguí con la cabeza levantada, pero no me di vuelta, no veía la necesidad ni la obligación de hacerlo. Llegué a mi casa, prendí el hogar, prendí la tele, prendí la máquina de café, prendí la computadora, prendí las luces de mi pecera, prendí el lavarropas y prendí mi otro celular. Me puse las pantuflas, me puse la bata, me puse la pipa en la boca, me puse cómodo en mi sillón...me puse a pensar. No tendría que haber dejado a ese nene ahí, no tendría que haberle dado solo una sonrisa. Entonces, y la re puta madre, me entró la culpa. ¡Ah la culpa! ¡Horrible y cruel y vil y pesada culpa! ¡Tendría que ser un pecado capital! Pero no, la culpa no es un pecado capital. Culpa, culpa, culpa...así se mueven los que adoran a los pecados. Yo no. Yo se que hacer con la culpa. Se remediar mis actos malos. Me volví a vestir y apagué todo lo prendido. Fui a mi habitación, del último cajon de mi última cómoda retiré lo que tendría que haberle dado a aquel nene. Eran 6 y eran brillantes y él las necesitaba más que yo en este momento. Salí de mi casa decidido. Cada paso era un kilo menos de culpa. Cada esquina era más y más luminosa, me acercaba al amanecer de mi bondad. Y ahí, en esa mitad de cuadra, entre las hojas amarillas y marrones que ya no se abrazan, lo ví...acostado, acurrucado, tapado con una viejo trapito. Me acerqué...lo desperté...le pedí disculpas...estiro su manito y ahora él soltó una sonrisa por reflejo. Busqué en mi bolsillo, y comenzó a sonreír aún más...
Seis disparos. No saqué el arma de mi bolsillo. Seis balas brillantes dormían dentro de él ahora...y ahora él dormía con una sonrisa. Creo que es una buena manera de eliminar la culpa. Creo. No se que habrá creído él..."

Autor: Axx Marquéz

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