domingo, 3 de enero de 2010

3/01/10




Te paraste erguido, con la frente en alto y la eterna sonrisa acaramelada radiante. Te paraste en el centro y te limitaste a derretir glaciares, a derribar muros y a provocar olas expansivas a miles de kilometros a la redonda. SOLAMENTE CANTABAS, Y YO QUERÍA ARRODILLARME ANTE VOS Y BESARTE LOS PIES.
Los cables se enrollaban y desenrollaban por el suelo como serpientes encantadas por la música de algún flautista árabe. Sin embargo en el centro estabas vos y solamente cantabas; pero yo te hubiera besado los pies.
¿No te das cuenta de que la Tierra tiembla y los mares se abren por cada sol bemol que sale de tu garganta? ¿No vesque ya no tengo forma de evitar la rendición absoluta a tu desmesurada gracia?
No sabés cuanto disfruto sintiéndome tu musa, cuánto privilegio es el saberte mío, saberme tuya, no sabés cuáto amo, ni con que secreta devoción, cada suspiro de tu boca, cada minuto a tu lado, cada hebra de luz de tu sonrisa. De tu eterna sonrisa acaramelada.
Feliz cumpleaños mi amor.

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