miércoles, 4 de febrero de 2009

Nacer Y Morir

Respira hondo… Profundo… Exhala. Suave…Calmo…Tieso…tiesa la mirada sobre el puñal. Las pestañas están firmes, no creen en el movimiento, hundidas en el vacío de los ojos firmes, tensos…Las cejas perfectas, asesinas…perfectas asesinas de la mirada que mata, de la mirada pesada que no descansa de mirar, de estudiar a su enemigo, de intentar ver el próximo movimiento sin tener que cubrirse de cenizas. Pero él ya estuvo ahí. Su inconsciente del presente lo lleva a revivir el momento consciente de ese pasado, que, encerrado en el calabozo más alejado de su razón, grita nuevamente que el eco de la libertad no existe más que en el sonido seco de la muerte. Pero él ya estuvo ahí. Sus labios forman la silueta perfecta de la sombra del temor…su boca juega el juego imperfecto de la ansiedad, de la locura, de la pasión, del amor, del dolor, del odio, de la desesperación, de la resignación, de la soledad, de lo que calla su voz. La mirada que mata debe morir…el puñal espera. Junto a su alejada mano, está el puñal. Pero los dedos no desean caminar, no desean suspirar, no desean recorrer el extraño camino de sinceridad, no desean… ¡Ah! Que aterrador le resulta escuchar. ¿De dónde proviene esa agonía? ¡Ah! Se vuelve a quejar su interior. Es el sonido del silencio, el que solo se escucha cuando está cerca el último momento en que se puede seguir alejado de uno mismo. Es tan brillante la luz, es tan misteriosa la oscuridad, es tan opresivo el vacío, es tan cercano el espacio, es tan temperamental el tiempo, es tan nervioso el pulso acelerado del existir. Es tan calmo el sabor del éxtasis. Es tanto que él no lo puede soportar. Sabe que está listo para dejarse caer inerte sobre el papel que yace en la mesa deseoso de beber su sangre, deseoso de sentir sus lágrimas, de rosar su piel y clavarle sus espinas dentro, muy dentro de su frágil y orgullosa piel. Está tan deseoso que le da asco. Es repugnante sentir que su vida mira directamente a su vida. Silencioso, sigiloso, peligroso, invisible…pero está ahí. Él sabe que está ahí. Él ya estuvo ahí. Ya conoce la cara de quien vendrá a cortarle el cuello para que escupa el nudo prisionero de sus palabras. Ya conoce su cara. Porque esa cara es la de él. Porque el corte lo realiza el puñal. Porque el puñal está ahora en su mano. Porque su mano se mueve lentamente. Porque lentamente cae una gota de sangre sobre el papel. Porque lentamente el papel bebe de sus gotas. Porque lentamente se forman palabras, ríos de sangre formando mares de sinceridad, de dolor, de pasión, de recuerdos, de deseos, de olvidos y miedos. Él está sufriendo, pero no deja de mover el puñal en sus entrañas. Él está sonriendo, pero no deja que caiga ninguna lágrima. Termina el ritual, no queda más sangre en su vientre ni más lagrimas en sus ojos. Una parte de él murió en el cuerpo del papel…una parte de él volvió a nacer en el papel. Pero él ya estuvo ahí. Lo comprende. Él ahora está ahí y volverá a estar. Necesita estar ahí. Deja el puñal. Ama y odia al puñal. Porque ese puñal es quien escribe sus mejores versos, sus mejores prosas, sus mejores obras. Porque ese puñal es su lapicera. Porque el escritor muere y nace cada vez que escribe. Porque el papel es su cuna y su ataúd. Porque él ya estuvo ahí. Porque él es escritor, poeta, narrador. Porque él sabe que si no vuelve a estar ahí para nacer y morir…no vale la pena vivir.



Autor: El Marquéz


La persona que más admiro, y que realmente hoy me hizo emocionar. Gracias otra vez.

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