miércoles, 23 de diciembre de 2009

17:17

Era la primera vez que no ansiaba su llamado de todas las noches, la primera vez que añoraba enfermizamente su presencia sólo para unirme a él en un abrazo de esos que clavan las uñas en las espaldas buscando protección. La primera vez que deseaba fervientemente que entre los dos reinara un silencio absoluto de entendimiento mutuo y que un instante después todo pasara.

Sáquenme de esta caja, que ya no puedo respirar, saquenme de esta oscuridad. Quiero vaciarme las vísceras. Escapar, escapar, escapar.

Me duelen los costados de tantos golpes, me explota la mente de tanto pensar, se me divide la cabeza en mil partes de diversos tamaños de tanto llorar. Escapar, escapar, escapar.

¿Por qué nadie viene a rescatarme? Esperaré la llúvia púrpura, esparé tu abrazo. Espero poder escapar.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Té de Ruda

En un rincón atemporal en algún lugar colmado de humedades venenosas, de vapores angustiantes.
Volar. Correr, tomar velocidad, levantar vuelo y escapar. ¿Qué pasa adenrto mío? Mezcla de curiosidad con terror y ganas de no saberlo. Y siempre el mismo deseo insistente de escapar.

Aromas putrefactos, curvas y contracurvas. Durezas. Escapar, escapar, escapar, escapar.
En un recóndito sitio lleno de telarañas con la necesidad urgente y primordial de vaciarme. Vaciarme íntegra sin que quede el más mínimo rastro de vida en mí.

Pensamientos como vaivenes, como olas de un tsunami destruyendo ciudades enteras que solo pueden mirar estupefactas lo que sucede ante sus ojos, en sus interiores.

Pensamientos destructivos atenuados por recuerdos y un cuarto en la penumbra donde se guarda la más negra y pegajosa soledad.

Y opacidad, solamente opacidad. Como una opresión en el medio del pecho, como un pasillo estrecho que conduce a un solo lugar, y al recorrerlo sólo se pueden sentir las más hondas y desesperadas ganas de volver. De dar la vuelta y salir corriendo.

Como alguien enterrado vivo que araña los lados de su ataúd y desgarra su garganta con alaridos.

Como una herida que no sangra pero que sigue abierta en el medio del vientre. Y quema.

Y en medio de la opacidad, siempre la necesidad de escapar. De crearse un mundo paralelo donde sólo haya hedonismo, donde los faroles ardan eternamente sin consumirse nunca, sin que uno deba pararse a pensar. Sin que uno sienta las ganas de arrodillarse, hundir las manos en la tierra y llorar.

Delia

sábado, 12 de diciembre de 2009

Infinit

Hacer el amor con vos es una actividad inexplicable, casi paranormal, sin punto de comparación con nada. Hacer el amor con vos trasciende lo corporal, incluso lo espirirual y mental, porque va más allá del entendimiento humano.
Hacer el amor con vos es un acto de total entrega, de placentera rendición a tu encanto, tu gracia, tus maneras, tus caricias, tu voz. Es contemplar embelesadamente tu sonrisa por tiempo indeterminado, dejar que su belleza única y aterciopelada penetre en cada rincón de mi cuerpo.
Y cada vez que tengo la inexplicable sensación de ser tuya y sentirte mío se crea en la atmósfera un perfume envolvente, un vaho violáceo, al tiempo que se escucha una melodía pausada.
Hacer el amor con vos es describir el mundo, en toda su geografía y demografía; y al alcanzar la cumbre de la montaña más alta, pudiendo ver el rostro descubierto de toda la humanidad llegar a la conclusión de que el mundo es una sola persona, y para mí, SOS VOS.

viernes, 23 de octubre de 2009

Boschi

Es de noche y no hay luz. El cielo se cae a pedazos y un par de zapatos de cuero ajados saltan desde un quinto piso en la Avenida Viena. Hay que mantener la calma, hay que pensar friamente. Es domingo y son las 23:30. Un vestido de fiesta se quiebra en un llanto desesperado bajo la lluvia de la Plaza San Martín. Hay que hacer las cosas despacio, no debemos despertar al monstruo.
La última vela está por la mitad y no hay miras de conciliar el sueño. Un ratón corre a través del cuarto y se esconde tras el ropero. El hombre canoso lo observa tranquilo y suda a la luz de la vela en la ventana. No hay que parar las manecillas, no hay que pasar de página antes de haberla terminado. El ratón lo mira asombrado y un par de anteojos gruesos se secan la lluvia y las lágrimas en algún lugar. El hombre canoso sale al balcón. El ratón lo mira desde adentro. Lo mira y no sabe si es lluvia lo que moja la cara del hombre o si es que está llorando. Un par de tijeras cortan un mechón de pelo rubio.
Por favor que deje de llover, ya no distingo las gotas de mis lágrimas, ya no soporto la estampida del agua en los ventanales, en las paredes, en los techos, ya las voces de la lluvia se hicieron más fuertes que mi propio pensamiento. La cabeza me va a explotar. Y un par de ojos escrutadores miran desde brazos lejanos como desde adentro de un pozo.
Por favor que vuelva la luz, que la última vela se está acabando y la oscuridad me oprime y angustia. No quiero quedarme a oscurás, no, porque el monstruo va a salir esta noche, ya escucho el crujir de las maderas, y si me quedo a oscuras seguro va a atraparme. Me saco las sandalias y me acerco a la bañadera. Tomo el secador.
Los cuadros se mueven, rompo la ventana y miro mis zapatos de cuero por última vez. Tengo vértigo.
Corro por la avenida y me adentro en la Plaza San Martín, me siento en un banco e impregno la falda de mi vestido violeta con cristales salados.
Los anteojos gruesos se limpian solos, y el hombre canoso ve la vela extinguirse adentro. Él sigue bajo la lluvia contando los rayos que parten el cielo en piezas de un rompecabezas pardo. El hombre ya no puede ver al ratón pero éste lo sigue mirando desde adentro.
Hay que actuar rápido, pero manteniendo la calma: la última vela se extinguió.

miércoles, 21 de octubre de 2009

MNX-1000

Vas a pasar el resto de tu vida en burbujas acrílicas creyéndote dueña de algo, creyendo que tu seducción barata, que tu risa exagerada puede servirte de algo. Sin embargo sos consciente de que nunca vas a ser su dueña, que sus versos nunca van a ser tuyos, que siempre vas a ser la otra, la segunda, que toda tu vida va a haber un PERO, y ese pero va a ser siempre en perjuicio tuyo, que aunque intentes incluso retroceder el tiempo su cuerpo estará en tus manos pero su mente jamás será de tu pertenencia un cien por ciento.
VOS y SOLAMENTE VOS elgiste eso, quisiste vivir así. Está en vos, por lo tanto, rendirte a tiempo (porque debés tener asumida la derrota), o seguir intentando hacer que las utopías sean realizables. Lo único cierto es que hay un mosntruo cerca, y este NUNCA DUERME.

domingo, 18 de octubre de 2009

CAFÉ Y AZÚCAR

Podría hacer una oda
toda entera a tu sonrisa,
mirando de reojo,
escondiéndose bajo tu pelo.

Podría calcarla,
en todas sus diversas formas.
En sus contrastes, sus luces y sombras,
incluso en sus tristezas e ironías dibujarla.

Describirla en todos sus ángulos
analizarla varias maneras
compararla, definirla
en mil poesías incluirla.

Podría calcular sus dimensiones,
extraer todas sus cualidades
o simplemente hablar de ella,
solamente como un detalle,
en la persona que más amo en la Tierra.

viernes, 16 de octubre de 2009

Sol Bemol

Si fuese tan fácil como amarte
como escuchar tu canto
y a tus pies caer para alabarte;
sería todo tan simple
como vos, mi obra de arte.

Si tuviera la simpleza de mirarte
eternamente a tus ojos tímidos
y sentirme devota al instante.
Sería esto tan fácil,
como adorarte. Como adorarte.

Si aceptara la distancia
tan simplemente como sucumbo
sin resistencia a tu infinita gracia;
saberte ajeno y con otro rumbo
sería entonces tan sencillo, tan afable
como besarte, como cuidarte.
Como AMARTE.

martes, 13 de octubre de 2009

Páginas Amarillas.

Él. La libertad en estado puro.

Él encapsuló la niñez en su cuerpo. Él.

Contra toda fuerza, contra todo régimen.



Él no quiere quedarse en

lo que debe ser. Él no

puede quedarse quieto,

él no quiere encallarse.



Él es íntegra inocencia.

Y siempre, siempre va a ser

él.

jueves, 1 de octubre de 2009

FERRERO

Primero a penas me llegaba a los tobillos era beige oscuro y me seguía a dos metros de distancia. Tenía un ojo más grande y le faltaban todos los dientes. Con el tiempo crecí yo y creció él. CRECIMOS TODOS y nos hicimos más fuertes o más vulnerables, más ciegos, libidinosos, deformes, sigilosos. Menos él, que creció desmesuradamente y se revistió de hierro. Meses después ya no podía vivir debajo de mi cama y pasó a ser púrpura oscuro, con un par de verrugas y dos dientes podridos; me llegaba a los hombros y me susurraba. Por suerte no alcanzaba mis oídos y no podía escucharlo aunque continuaba siguiéndome a donde yo fuera.
Fue en determinado momento incierto que le crecieron las garras puntiagudas y comenzó a rascarme la espalda todo el tiempo, irritándola hasta formar llagas que luego sangraban. En ese instante fue más grande que yo, color rojo furioso, con verrugas peludas y dientes puntiagudos. Ya no susurraba: gritaba guturalmente en un dialecto incomprensible, me zamarreaba y empujaba a cada paso que daba. No solo me seguía, sino que me obstruía el paso; no sólo me gritaba, sino que no entendía lo que quería decirme; no sólo me lastimaba, sino que no podía hacer nada para pararlo ni tenía derecho a quejarme: había sido yo su creadora, quien lo crió y alimentó, quien lo fortaleció y hospedó.
Con los años y cuando ya no pude soportarlo logré meterlo en un ropero resquebrajado y arruinado por la humedad que se encontraba en el fondo de la casa. No fue fácil; gritaba, aullaba y tiraba zarpazos descontroladamente. Cerré la puerta frente a él pero no tuve el valor de ponerle llave. Ahora, cada tanto y cuando escucho los crujidos de la madera desde el fondo sé que es porque sale un rato a estirar las piernas, a limar las garras y a hacerme saber que dondequiera que yo esté y lo que sea que yo haga siempre van a ser sus ojos escrutadores los que sienta clavados en la nuca; y que, en algún momento, va a volver a buscarme.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Bariloche


Que me trague la cuidad
y sea parte eterna
de tu cordillera,
Bariloche.

Que tus lagos reflejen ventanales
y tus calles irregulares conduzcan
a los ríos morados
ensombrecidos por la magnificencia
de los picos de las montañas.
Azul eterno.
Bariloche.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

martes, 1 de septiembre de 2009

16:27

No escribo porque te extrañe
no.
No siento pena por lo olvidado.
Sino una
nostalgia por las tardes etílicas
en las cuales casualmente me pintabas
tu paisaje hedonista
tu pantalla surrealista tus
pasos agigantados.
Tardes lisérgicas en las cuales
tus manos bailaban nerviosamente buscando
los cigarrillos apagados en mis dedos,
tus ojos impacientes punzaban con ardor
los mios clavados
en el suelo.
Y tus labios se
movían temblorosos susurrando
tus dogmas que no podías gritar.

No escribo porque extrañe
tus eternas alabanzas
no.

No escribo porque haya traicionado
tu confianza
derrochado tu cariño
roto tus versos, tus acordes,
vaciado tu pecho y ahogado tus ojos.
No.
Mi perdón es la promesa de
volverte a dañar.

Escribo por no haber nunca reconocido la importancia
de la psicodelia (de la que siempre me burlé) en
mi poesía,
mi lujuria,
mi derroche de insolencia
mis noches
lejos lejos
de tu hablar
de nunca
acabar.

sábado, 8 de agosto de 2009


No dudes nunca de mi. No dudes nunca cuando digo que te amo, mirame a los ojos y vas a ver que lo único que reflejan son los tuyos, abrazame y vas a sentir que tiemblo como el primer día. No pienses que la distancia va a poder con nosotros, no creas que algo puede alejarme. Vos me hacés feliz, y a pesar de todo lo que pasa y pasó te elegí a vos, te elijo hoy y te elegiría mil veces más, porque sos vos a quien le doy todo, sos vos el hombre con el que quiero pasar el resto de mi vida.
Te amo Ger.

miércoles, 29 de julio de 2009

Butil Acetate. Kashmir

Tenías tanta felicidad que no te cabía toda adentro del cuerpo. Tenías el pecho hinchado de placer, la mente aturdida de paz y de la boca te sobresalía una sonrisa que parecía haber sido armada arificialmente luego de estirar los labios y coserlos con descuido a las orejas. Tenías tanta alegría rebalsando de tu cuerpo que trataste de alivianarlo dejando escapar un poco. Y fue cuando comenzó a filtrarse la angustia. Despacio, un sentimiento desconocido, una piedrita que molestaba en el zapato de tu perfección. Como de a gotas, lentamente el agua de lluvia se filtra en la tierra agrietada, ese vacío, esa puntada en el pecho se te adentraba. Nunca supiste cómo ni por qué.

Nunca pensaste que hubiera conciencia ni nada por el estilo, nunca trataste de parar los torbellinos que te llevaban. Te dejaste arrastrar, rompiste cuanto tuviste a tu alcance, tomaste de todas las copas, jugaste todos los juegos que te dijeron que nunca jugaras, clavaste tus tacos aguja en el barro, y no te importó. Nunca creiste en nada, porque sabías que creer podía causar una desilusión, y eso no estaba en tus planes. Y en el momento en que te descuidaste, que abriste la puerta porque derrochabas un placer asqueroso y enfermizo que te hacía repugnantemente feliz, que te satisfacía venenosamente, fue que empezaste -apenas- a entender lo que era tu vida, donde estabas, y sobre todo a dónde creías ir. Y fue como caerse de un precipicio en el medio de un sueño de algodones, como revolcarte en tu cama -Sola- doblandote de dolor ante la ausencia, con las uñas medio quebradas desgarrando las paredes, arrancandote los mechones, golpeandote las caderas con los puños. Entendiste el por qué. ¿Qué esperabas? ¿Que te vean como princesa siendo el sapo más desgraciado, con los ojos más saltones y llagas en los costados? ¿Querías creerte que en realidad brillabas? Fuiste siempre el borrachín que grita incoherencias desde el fondo de un bar de mala muerte, fuiste una puta gorda, calva y deforme que esperó cada noche que uno de sus clientes fuera su principe azul. ¿De verdad creíste que valías? ¿O fue que te decidiste a incursionar en la oscuridad para quedarte ahí? Porque no creo que supongas que ahora, por acercarte un paso más a lo que esa sociedad de mierda que en el fondo odiás considera correcto vayas a ser un poco más respetada. Podés gritar, podés exprimirte el cerebro en prosas que harían despertar a un enfermo terminal en coma (solamente para morir con más sufrimiento, con más angustia por todo lo que va a dejar, por todo lo que va a perder, por sentirse identificado con VOS), pero aún así a nadie, ni el último preso de la celda más sucia sentiría por vos más que miedo, asco, desprecio. Nunca vas a servir ni de mal ejemplo, porque te falta lo necesario para soportar todo el peso de la noche. Mediocre.

Aunque después insististe en reanudar tu alegría tratando de rellenar las grietas de angustia con algo parecido a la autocompasión - la negación-, no pudiste, y fuiste penetrando en el mundo subterráneo de verdad, queriendo escaparte, dudando de todo lo que habías hecho para llegar hasta ahí, pero sin poder abandonar el lugar porque en el fondo, como un tumor en los intestinos, tenías la imperiosa necesidad de adentrarte, querías que te quebraran hasta el último vestigio de inocencia manchada para por lo menos pertecer a los que no les queda nada. Y por cada paso que dabas, por cada esquina que doblabas más sentías esa dualidad, por un lado el saber que todos creían que estabas perfectamente a gusto ahí, por el otro el llanto anudado en la epiglotis. Y se hizo de noche. Y ya no sentías felicidad en todo el cuerpo. No confiabas en nadie, y te habías olvidado de cómo cuidarte a vos misma. Pero no podías escaparte, no podés escaparte ya. Y al fin y al cabo no querés. Porque estás feliz, hediondamente alegre de haber hecho todo lo prohibido, de haberte reido de lo que los otros se horrorizaban.

Pero cuando estés sola a la noche y tu cama esté fria y vacía, lo único que vas a sentir va a ser terror, el más hondo y oscuro terror. Y la completa desesperación, las ganas de llorar a gritos y destrozarte la cabeza contra la pared, de desgarrarte toda la piel, de deformarte hasta la mirada para sentarte al lado de la puta (va a ser ella quien te consuele a vos), en el prostíbulo más deprimente, a esperar vos también al principe azul, que no va a llegar aunque lo esperes esta y todas las otras vidas de mierda que puedas vivir.

Y de ahora en más, a partir de ese día en que dejaste que la realidad corroiga tus huesos, te va a quedar siempre la duda en el fondo de los pensamientos, la piedrita en el zapato, ya no vas a volver a derrochar felicidad, porque vas a dudar toda la vida de cada cumplido que alguien te haga, y nunca vas a entender qué fue lo que te pasó.

viernes, 17 de julio de 2009

I'm the one who's behind

Hace mucho que no subo, y la verdad es porque hace mucho que no termino nada de lo que empiezo a escribir. Por eso acá dejo, aunque no es mi costumbre, un párrafo del escritor argentino más angustiante, el único que me hizo llorar de pena por sus personajes. El que nunca se avergonzó de relatar las bajezas de la "vida puerca" de tantos, el que en cuarenta y dos años pudo convertir sus altibajos y frustraciones en paisajes literarios que rasguñan la conciencia pero se hacen adictivos, quien supo dejar una cicatriz en la literatura argentina que tantos años después, por suerte, sigue supurando.
Les dejo un fragmento de Los Lanzallamas del ÚNICO e inigualable Roberto Arlt.

-Estoy perdido -piensa Erdosain-. Es mejor que me mate. Que le haga ese favor a mi alma.
-Estarás enterrado y no querrás estar adentro del cajón. Tu cuerpo no va a querer estar.
Erdosain mira de reojo el ángulo de su cuarto. Sin embargo es imposible escaparse de la tierra. Y no hay ningún trampolín para tirarse de cabeza al infinito. Darse, entonces. ¿Pero darse a quién? ¿A alguien que bese y acaricie el cabello que brota de la mísera carne? ¡Oh, no! ¿Y entonces? ¿A Dios? Pero si Dios vale menos que el último hombre que yace destrozado sobre un mármol blanco de una morgue.
-A Dios habría que torturarlo -piensa Erdosain- ¿Darse humildemente a quién?
Mueve la cabeza. -Darse al fuego. Dejarse quemar vivo. Ir a la montaña. Tomar el alma triste de las ciudades. Matarse. Cuidar primorosamente alguna bestia enferma. Llorar. Es el gran salto, pero ¿cómo darlo? ¿en qué dirección? Y es que he perdido el alma. ¿Se habrá roto el único hilo?... Y sin embargo, yo necesito amar a alguien, darme forzosamente a alguien.
-Estarás enterrado y no querrás estar dentro del cajón. Tu cuerpo no querrá estar.
Erdosain se pone de pie. Una sospecha nace en él:
-Estoy muerto y quiero vivir. Ésa es la verdad.

Lean Los Lanzallamas y angustiense profundamente. Buenas noches.





lunes, 15 de junio de 2009

Lluvia Púrpura


¿Por qué es la lluvia la que nos recuerda desdichas pasadas y al mismo tiempo nos trae la más pura y absoluta FELICIDAD?

Pateando charcos, riendonos, chorreando ternura como agua por el pelo. Con la ropa empapada y la sonrisa mutua tatuada. No, no me acuerdo haber sido alguna vez tan feliz como ese día.


Desde el dormitorio, ella me llamó. Se había levantado, así, envuelta en la frazada, y estaba junto a la ventana mirando llover. Me acerqué, yo también miré cómo llovía, no dijimos nada por un rato. De pronto tuve conciencia de que ese momento, de que esa rebanada de cotidianidad, era el grado máximo de bienestar, era la Dicha. Nunca había sido tan plenamente feliz vomo en ese momento, pero tenía la hiriente sensación de que nunca mas volvería a serlo, por lo menos en ese grado, con esa intensidad.
Eternamente, Mario Benedetti

sábado, 30 de mayo de 2009

Standby/on

Podríamos sentarnos en cualquier esquina a consumir ácido, aspirar pegamento o mirarnos sin
hablar.
Podríamos acostarnos en la escarcha con la espalda descubierta y reirnos de las formas de las nubes.
Podría pintarme las uñas de violeta cada día de mi vida esperando que algún Pegaso te traiga de vuelta a mi.
Podrías simplemente estar cerca y no ser nadie, nadie en absoluto.
Sin embargo me siento una nena con los tacos de su mamá que camina pisandose la bufanda y arrastrando de una mano a su osito de peluche y de la otra a su superheroe imaginario.
Y aunque las distancias no se puedan acortar, aunque seamos apedreados por infinitas muchedumbres, aunque el espejo social no nos acepte como parte de su reflejo, aunque se nos
caigan los años a pedazos, aunque nos sobren argumentos y nos falte la voz, aunque parezca imposible, aunque sea casi un capricho, no podría yo ser más feliz.

jueves, 7 de mayo de 2009

G.

Me miré al espejo por última vez antes de salir y me vi con un brillo en los ojos, con una sonrisa nerviosa y las manos temblorosas; una mentira blanca tatuada en la frente y ganas de verte en todo el cuerpo.
Viajé cuarenta minutos por cuadras interminables, por lugares comunes que se redescubrían, por plazas que eran campos, por edificios que eran mazorcas, por calles que se ensanchaban al mirar a un lado y a otro. Y sabiendo siempre que del otro lado estabas vos.
Y después caminé pesadamente con un calambre en el estómago y un nudo en la garganta tratando de distraerme y no pensar en lo que iba a encontrar al final del camino. Y después te vi. Y el resto se resume a tu sonrisa, a tus abrazos, a tus miradas cómplices, a tus labios sobre mi frente, a tu pelo reposando en mi hombro, a mi cara sobre tu pecho, a tu voz en mi oído. El resto sos vos y las calles quilmeñas que hoy tienen un solo significado; sos vos y el paredón de una casa sobre Alsina, sos vos y un banco en Rivadavia, sos vos y todos los negocios cerrados, y una estatua viviente, y malvaviscos, y canciones.
Y aunque hubiese sido la ultima vez, sé que sos vos. Ahora , que sos vos.

martes, 31 de marzo de 2009

No sé de qué, pero me río,

Contemplo tu boca discretamente mientras vos mirás el suelo, la contemplo con intriga y un dejo oculto de deseo. Luego subo fugazmente mi mirada hasta tus ojos y los sorprendo mirándome, por lo que intstantáneamente desvío mi vista al suelo, mientras imagino como vos contamplás mi boca discretamente para luego mirar mis ojos y encontrarme viendote. Ambos agachamos la cabeza. Es todo tan hermosamente imposible.
Y ahora que tus cadenas están rotas seguís siendo Sirena, seguís estando prohibido pero cada vez sos más perfecto.
Tomo tu mano, te beso en la boca y me río; no sé de qué, pero me río. Te sorprendo con un abrazo fuerte y después un comentario de lo más insolente. Y vuelvo a tomar tu mano, y vuelvo a besarte en la boca y vuelvo a abrazarte fuerte, pero ya no me río; porque sé que tenés que irte, y, aunque lo prometas, no sé si vas a volver.

sábado, 28 de febrero de 2009

Mi Pesado Corazòn

En nocturnas calles de soledad
junto a mi sentido de libertad
busco atento poder encontrar
lo que a mi corazón haga estallar

Rompo cadenas en la sociedad
mi garganta sangra de tanto gritar
de no callar ante la mediocridad
naci para vivir y no ser uno mas

Tiemblan las barreras de la moral
se quiebran las estatuas de la antiguedad
soy un gato negro, la suerte echada está
yo soy mi destino y soy mi final

El miedo no es para mal
no hay vida mas allá
en esta tierra voy a encontrar
eso que vine a buscar

Nada podrá abatir
a mi pesado corazón
mi cuerpo existe para sentir
Nadie pondrá en mí
nunca ninguna condición
mi corazón no dejará de latir

Lágrimas brillan como cristal
lenguas de un pasado animal
renace el instinto que años atrás
señores de fe quemaron sin piedad

Retazos de sueños en la realidad
buscan a alguien despertar
mis ojos abiertos siempre están
escucho el furioso llamado natural

El miedo no es para mal
no hay vida mas allá
en esta tierra voy a dejar
la sangre que hierve en mis venas

Nada podrá abatir
a mi pesado corazón
mi cuerpo existe para sentir
Nadie pondrá en mí
nunca ninguna condición
mi corazón no dejará de latir

Y cuando mis ojos cansados estén
cuando mis labios el dolor saboreen
en estas palabras encontraré
el motivo para levantarme despues de caer

Nada podrá abatir
a mi pesado corazón
mi cuerpo existe para sentir
Nadie pondrá en mí
nunca ninguna condición
mi corazón no dejará de latir


Autor: El Marquèz

viernes, 20 de febrero de 2009

El azúcar se tambalea en su taza, y pienso cuántas manos tocaron esta moneda desde su emisión hasta mi caricia.

Y pienso también otras tantas cosas estúpidas que debería anotar por si algún día dejasen de parecérmelo.

Y
entre otras cosas pienso en el azul de tus ojos,

sobre el cual anoto de inmediato,

no por miedo a olvidarlo...







sino por querer leerlo una y otra vez.

lunes, 16 de febrero de 2009

Sirena Encadenada (II)

Con el símbolo de intocable tatuado
susurró a mi oído un buenos días inesperado
solamente para decir "estoy prohibido,
pero no si seguimos nuestro libido".

Cual melodrama clásico
que deba ser secreto fue acuerdo tácito
que estés atado lo hizo irresistible
y la sorpresiva distancialo volvió sostenible.

Fatal puntapié inicial de la historia
fue una noche etílica y escandalosa
una canción imborrable a la memoria
un beso corto y una sonrisa arenosa.

Sirena encadenada
voz de marfil,
simpleza de pirata,
jugadas de alfil.

Prohibidísima sirena encadenada
de suaves y efímeras pisadas
cuando es sabido un final catastrófico,
el marinero se sabe muerto y continúa el juego mitológico.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Nacer Y Morir

Respira hondo… Profundo… Exhala. Suave…Calmo…Tieso…tiesa la mirada sobre el puñal. Las pestañas están firmes, no creen en el movimiento, hundidas en el vacío de los ojos firmes, tensos…Las cejas perfectas, asesinas…perfectas asesinas de la mirada que mata, de la mirada pesada que no descansa de mirar, de estudiar a su enemigo, de intentar ver el próximo movimiento sin tener que cubrirse de cenizas. Pero él ya estuvo ahí. Su inconsciente del presente lo lleva a revivir el momento consciente de ese pasado, que, encerrado en el calabozo más alejado de su razón, grita nuevamente que el eco de la libertad no existe más que en el sonido seco de la muerte. Pero él ya estuvo ahí. Sus labios forman la silueta perfecta de la sombra del temor…su boca juega el juego imperfecto de la ansiedad, de la locura, de la pasión, del amor, del dolor, del odio, de la desesperación, de la resignación, de la soledad, de lo que calla su voz. La mirada que mata debe morir…el puñal espera. Junto a su alejada mano, está el puñal. Pero los dedos no desean caminar, no desean suspirar, no desean recorrer el extraño camino de sinceridad, no desean… ¡Ah! Que aterrador le resulta escuchar. ¿De dónde proviene esa agonía? ¡Ah! Se vuelve a quejar su interior. Es el sonido del silencio, el que solo se escucha cuando está cerca el último momento en que se puede seguir alejado de uno mismo. Es tan brillante la luz, es tan misteriosa la oscuridad, es tan opresivo el vacío, es tan cercano el espacio, es tan temperamental el tiempo, es tan nervioso el pulso acelerado del existir. Es tan calmo el sabor del éxtasis. Es tanto que él no lo puede soportar. Sabe que está listo para dejarse caer inerte sobre el papel que yace en la mesa deseoso de beber su sangre, deseoso de sentir sus lágrimas, de rosar su piel y clavarle sus espinas dentro, muy dentro de su frágil y orgullosa piel. Está tan deseoso que le da asco. Es repugnante sentir que su vida mira directamente a su vida. Silencioso, sigiloso, peligroso, invisible…pero está ahí. Él sabe que está ahí. Él ya estuvo ahí. Ya conoce la cara de quien vendrá a cortarle el cuello para que escupa el nudo prisionero de sus palabras. Ya conoce su cara. Porque esa cara es la de él. Porque el corte lo realiza el puñal. Porque el puñal está ahora en su mano. Porque su mano se mueve lentamente. Porque lentamente cae una gota de sangre sobre el papel. Porque lentamente el papel bebe de sus gotas. Porque lentamente se forman palabras, ríos de sangre formando mares de sinceridad, de dolor, de pasión, de recuerdos, de deseos, de olvidos y miedos. Él está sufriendo, pero no deja de mover el puñal en sus entrañas. Él está sonriendo, pero no deja que caiga ninguna lágrima. Termina el ritual, no queda más sangre en su vientre ni más lagrimas en sus ojos. Una parte de él murió en el cuerpo del papel…una parte de él volvió a nacer en el papel. Pero él ya estuvo ahí. Lo comprende. Él ahora está ahí y volverá a estar. Necesita estar ahí. Deja el puñal. Ama y odia al puñal. Porque ese puñal es quien escribe sus mejores versos, sus mejores prosas, sus mejores obras. Porque ese puñal es su lapicera. Porque el escritor muere y nace cada vez que escribe. Porque el papel es su cuna y su ataúd. Porque él ya estuvo ahí. Porque él es escritor, poeta, narrador. Porque él sabe que si no vuelve a estar ahí para nacer y morir…no vale la pena vivir.



Autor: El Marquéz


La persona que más admiro, y que realmente hoy me hizo emocionar. Gracias otra vez.

jueves, 29 de enero de 2009

Duchamp, Duchamp... Infinitamente gracias


Incluso el cielo tormentoso parece limpio
ni el olor a riachuelo mancha los sentidos.
Duchamp, Duc
hamp, gracias por haber existido.

Esta ciudad es de pronto tan hermosa
endulzada por tantos acentos que se rozan
Duchamp, Duchamp, la hiciste parte de tu obra.

Mis pies se niegan a seguir recorriendo
es todo demasiado perfecto
Duchamp, Ducham
p, ¿por qué no un café en el centro?

Mendoza, Caminito, la esquina, el bar.
café con crema, medialunas, un piano, los cuadros mirar.
Y a mi izquierda, Duchamp.

Mi nombre inmortalizado en su espalda
Sonrisas extranjeras, tango
s y ruedas de bicicletas.
Duchamp, Duchamp, esculturas que fueron guirnaldas.

En la majestuosa inmensidad con aroma a muerto,
hoy los barcos llegaban con vos al puerto.
Duchamp, con el viento.

Palas, mingitorios, desnudos en escaleras
erotismo plasmado tras el holograma de una puerta.
Y Duchamp, por supuesto, las
agarraderas.

Y vivirás si aunque un día, ni un barco llegue al puerto,
y escandalizarás, aunque todos los bandoneones hayan muerto
Gracias, Duchamp, por ser no perecedero.


domingo, 25 de enero de 2009

Sirena Encadenada

Ahí. Era una Sirena Encadenada. Ahí arriba, era un pentagrama con clave de fa. Algo completamente prohibido, casi inalcanzable (CASI). Astro luminoso entre el humo, diapasón enfurecido.
La novena maravilla alada, promotor de incendios forestales.
Su situación era una cadena perpetua con libertad condicional... su temperamento el de un Hamlet desprejuiciado. Y yo era Ofelia.
Prohibido, codiciado, tentador. Era una sirena encadenada.
Prohibido, semi inaccesible, un ascenso al Parnaso.
Prohibido, prohibido, prohibido.
Feliz de estar al margen de la ley. Feliz de ser anarquía.
Prohibido.

Tanto él como yo, cada uno por sus motivos, eramos candidatos a la Autopista al Infierno, por desición propia, por morboso placer de hacer siempre lo incorrecto.

viernes, 16 de enero de 2009

Solos en el Hospital

Eran constantes los gritos, los aullidos, las quejas ahogadas y era normal que las mismas fueran ignoradas por el personal (yo no lo incluía a usted en eso).
La mujer vestida de violeta pasó fugazmente en silla de ruedas por la puerta aullando de terror, con un timbre de voz que sólo salía del ácido, del más puro miedo que carcome las entrañas, que resquebraja el alma, que anula los sentidos. "¡Un meeeedicoooo! ¡Un Meeeedicooo!" y una expresión de pánico en los ojos que parecían vacíos, mirando a ningua parte, o a su interior donde estaba eso que la aterraba, que le había hecho perdén la poca razón que le quedaba.
Mientras tanto, el hombre alto, de ojos vivos verde amarillentos, perlilargo que vestía harapos permanecía parado frente a un grabador oprimiento distintos botones, poniendo y sacando el mismo y único antiguo cassette una y otra vez murmurando algo para sí mismo...

Y mientras tanto... ESO se arrastraba, ESO me buscaba.

Un abrazo desesperado en un entierro. La falsa promesa de una eterna compañía, las ausencias permanentes que oscilan entre la muerte y la absoluta indiferencia, el desinterés. Traiciones, llantos, abandonos. Los gritos del hospital por la tarde, gemidos ovinos, súplicas desoídas constantemente desde siempre y hasta siempre. Sollozos reemplazando frases angustiosas.
Y una vida basada en soledades.
Una puta vida basada en soledades.
Y me desperté.
¿Y usted dónde estaba en ese momento? ¿Con su mujer en la cama? No me mire así, a todos nos pasa, pero no todos tenemos esa suerte. A todos nos encanta, pero hay vida alrededor, ¿sabe? Cálmese, deje de temblar así, déjeme terminar por lo menos.

Me desperté por el chirrido en el piso, en el aire, en las paredes, no sé, venía de todos lados... pero sabía quien era, o más bien qué era. Y usted tenía que ayudarme, ¿se acuerda? Habíamos convenido en que si a uno le tocaba el otro iba a acudir al rescate inmediatamente. No, espere, no se justifique, no me importa que tan cómodo estaba (ni en qué sentido), le estoy explicando el por qué se su actual situación. Después del chirrido, como de un metal arrastrandose y rayando las cerámicas del piso, un chirrido de esos que dañan los dientes... no sé para qué se lo describo si usted ya lo conoce. Retomo, después de eso, fueron los golpes constantes en la puerta, y el agua por la endija de abajo... y el picaporte despacio, despacio como la agonía se fue abriendo... y lo ví, y era tal cual lo había imaginado, porque sabía que me había estado buscando desde hacía meses, que me había estado buscando A MÍ, ¡Y no a usted! ¿Sabe por qué? Si, ahora va entendiendo, me alegro... Supe que había recorrido cada pasillo, que se había ocultado en cada armario, y que no descansaría hasta encontrarme y cumplir su propósito... ¡y era todo tan sencillo para él! Y recién ahora veo cuán inútiles eran nuestros intentos de escaparnos, de atraparlo, de desenmascararlo.
Después de eso me llevó, y prefiero no adelantarle más... al fin y al cabo veo que entendió la mayor parte, si le cuento lo que sigue se arruinaría la sorpresa... No llore hombre, no llore, aunque hubiese querido no hubiese evitado que me llevara, agradezca que no es él hoy quien viene a buscarlo, sino que soy yo. ¿No es más agradable la visita? Entonces, como yo, usted oyó el chirrido (no sabe lo difícil que es manejar este armazón, supongo que la eternidad me va a acostumbrar), como yo, usted vio el agua por la endija de la puerta (no golpeé la puerta, no quería asustarlo tanto, y además me quería tomar el atrevimiento de entrar sin golpear) y finalmente como él me llevó a mi, yo me lo llevo a usted. Calmese, ya va a ver qué gratificante que es poder llevarse a alguien también. No duele danto al final... ¿listo?

viernes, 2 de enero de 2009

Óleos Cobaltos

Venía caminando cual ola vespertina
le brillaban los ojos y blanco y verde vestía.
Porque sí la boca de placer le sonreía
y cada pupila de cristales cobaltos un manojo traía.

Sorprendióla con su carcajada de asfalto
asegurando que el ser de la acera
no le impedía parar a verla de cerca.
¡Mirarte de frente, habiendo tantos óleos cobaltos!

Las luces de la calle derretíanse en hilos plata
desgarrando cada destello en alumbrar tu mirada cobalta
por destacar con cautela tu sonrisa ajazminada,
¡cuántas veces hubiera vuelto al jardín de flores no perfumadas!