miércoles, 3 de diciembre de 2008

No porque no sea de día, este cielo va a dejar de ser guía, no porque no haya Luna va a dejar de haber luz. Para llenar este cielo se necita más de una estrella, para bordear los valles, para encontrar las ostras, para retener la luz, se necesita saber cómo.
No porque no estés voy a dejarme morir tan fácil. No porque tema encontrarme a mi misma voy a dejar de ser, no porque las utopías se claven bajo las uñas voy a dejar de soñar.
Tu perfume y el carbón alteran mi equilibrio, y no son sólo tus tobillos los que siguen blancos, sino que mis sentidos perciben lo que no quiero aceptar: el carbón de tus pies que la sal de tus pantorrillas no blanquea. Huelo cómo me mentías, Dioniso, y recuerdo cómo te amaba Narciso, mientras seguís siendo la fuerza gravitatoria. Y el dolor de la presión se siente tan bien, que no quiero renunciar, que no quiero enderezarme, que acepto con gusto la condena de quebrarme hasta tocar el piso con la boca, con tal de sentir el roce, y ser dichosa de tener contacto.
Tus manos siguen siendo amaneceres, que acarician otros horizontes, y los versos, como siempre, eternamente obsoletos, que no llegan a tus oídos de parafina, que se topan con el botón de nácar de tu cuello y caen, y se parten, y se deforman, y arman una oda a los valles con ostras escondidas.

1 comentario:

psicodelic poet dijo...

Estas escribiendo lindo..

lindo..

desgarrado..

y lindo..



Psicodelic Poet...