viernes, 19 de septiembre de 2008

Querido Jarvis,


Me bastó con asomarme desde su espalda, para ver detrás de sus anteojos gruesos proyectores de sueños bizarros de un barrio subterráneo cómo él espía realidades robadas transformándolas en angustiantes relatos que omiten toda regla, excepto la del eterno divague.
Es él. Un mesías de gente común, que inventa cuentos para no dormir, para asustar a la abuela hablando de una juventud perdida sin más anhelos que dar un paseo en un auto robado para luego consumir éxtasis y speed antes de entrar a una rave.
Es él, el príncipe de los fracasos magníficos que no se cansa de intentar subir a su faro, mientras sigue buscando vida.
Un exéntrico de una delgadez arrogante y una palidez lunar que se mueve con gracia y cinismo mientras se contorsiona carismáticamente. Una mirada pensativa y penetrante, una voz de ultratumba que narra al oído lo que nadie querría escuchar nunca. Un caballero noble que mira fijo y saca la lengua.
Es la expresión tunante, sus pasos agigantados y la forma de describir la habitación de alguna persona en algún lugar lo que hace que escucharlo sea tan embriagante.
Es la ironía que le corre por las venas y los movimientos bruscos de sus manos lo que hace que verlo sea tan atrapante.
Jarvis... Estimadísimo Jarvis Cocker, hoy es tu cumpleaños número 45. No hay prosa ni poesía que alcance para describirte y homenajearte. Hombre de negro que pintó tardes acrílicas en mis veranos, que borroneó mis mañanas de lunes con matices azulados, que me culpó de mi orgullo en pleno auge de la decadencia, y que me sentó en una mesa sencilla del Bar Italia para hablarme de miedos y días gloriosos.
Este individuo me enseñó a transcribir ironía en poesía, me legó la libertad de la noche y me apañó en lo que el mundo intenta cambiar por considerar defecto. Este hombre que con los años volvió a sus raíces y sigue usando sus lentes gruesos, que siguen proyectando los mismos sueños bizarros de alguna vez en Sheffield, es el mayor exponente de una generación que se olvidó del protocolo y la discreción a la hora de componer, a la hora de decir lo que hay que decir...
El, tan encantador como siniestro, tan simple como misterioso hoy puede sentirse de cuatro décadas y media, y por eso hoy aprovecho la oportunidad de rendirle un merecido homenaje, por ser quien cambió mi modo de escribir, de ver la vida, de escuchar música, y de... ser.

Muy Felices 45 Jarvis, gracias por tanta música, gracias por tanta poesía.

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