Él respira algodón de margarina y sopla purpurina al hablar. Y camina avasallando selvas a su paso, iluminando sombras con cada palabra, sin siquiera sospechar su grandeza. Y la estúpida ninfa lo sigue de atrás, para mostrar su más espléndida sonrisa en caso de que él se de vuelta a contemplarla.
Pasos, aromas, vapores, llanto.
Pasos, sonrisas, puñales, llanto.
Pasos, vaivenes, puertas, murallas.
Otra vez llanto. Y más pasos, y más puertas, y juglares.
Cadenas, hilos y cordones sujetan el corazón de la ninfa, que oscila entre seguir ninfa o volverse ménade. Entre Dioniso y Apolo está él. Y la ninfa lo sigue despacio por la arena, con su corazón colgando del cuello y con un clavo tatuado en el tobillo.
Él derribaba imperios que encontraba desde su doble catalejo, con una sonrisa tunante y los ojos de un águila errante.
Y espera el momento de proclamarse rey, sobre un trono de hojas primaverales y una corona de uvas.
Cuando se cansó de caminar, y quiso saber qué había conseguido; tuvo al mundo a sus pies para hablarle acerca de su millón y medio de virtudes, pero él sólo quiso sentarse a hablar con la ninfa, que seguía sus pasos de estalacmita y lo escuchaba sin interrumpirolo con alabanzas, recordandole, paradojicamente, su único defecto: el saber olvidar.
Pasos, sonrisas, puñales, llanto.
Pasos, vaivenes, puertas, murallas.
Otra vez llanto. Y más pasos, y más puertas, y juglares.
Cadenas, hilos y cordones sujetan el corazón de la ninfa, que oscila entre seguir ninfa o volverse ménade. Entre Dioniso y Apolo está él. Y la ninfa lo sigue despacio por la arena, con su corazón colgando del cuello y con un clavo tatuado en el tobillo.
Él derribaba imperios que encontraba desde su doble catalejo, con una sonrisa tunante y los ojos de un águila errante.
Y espera el momento de proclamarse rey, sobre un trono de hojas primaverales y una corona de uvas.
Cuando se cansó de caminar, y quiso saber qué había conseguido; tuvo al mundo a sus pies para hablarle acerca de su millón y medio de virtudes, pero él sólo quiso sentarse a hablar con la ninfa, que seguía sus pasos de estalacmita y lo escuchaba sin interrumpirolo con alabanzas, recordandole, paradojicamente, su único defecto: el saber olvidar.
2 razzmatazz:
Hoy sere poderosamente escueto...
Por que sera que cada vez que te leo?...te extraño un poco mas...
es curioso lo qeu sucede con tu literatura...cada vez que leo algo nuevo...digo...es lo mejor que lei de ELLA...pero no...pasa los dias...y tengo qeu contradecirme una vez mas...para decir...esto es lo mejor que lei de ELLA...
Gracias por empaparme de tu literatura..
te quiero..
mucho..
atte.
Fede...
Subi la tercera carta a ELLA..
Curiosamente ELLA...Deja de ser tal...lentamente tiene rostro de monosilabo en pleno trance vanguardista...Labios de palindromo feroz...
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