viernes, 1 de agosto de 2008

El Faro y los Cielos de Cobre

Vos mirás que hacés,

Yo miro cómo hago.

Sabés que abrís cielos de cobre. Podés.

Yo estaba en tu cielo, y bajé.

Te reíste y fulminaste atardeceres

Respiraste y exhalaste poesía

El ruiseñor cantaba odas a desplaceres

Y yo enceguecida con tu monotonía.

Concentrada en tus nubes pardas

Resultó que tus tobillos seguían blancos

Y fueron de nuevo santos

Tus tobillos de carbón, pantorrillas saladas.

Te invito a mi faro, mi amor

Sigue llorando el ruiseñor.

En el palacio el lunes a la mañana.

Arderá bajo tus artimañas.

Tu gracia iluminó guiando los barcos,

Desde el faro liberé tu fuego,

Cual huracán que lleva al delirio. Te ruego,

Ardan los océanos, mas nunca cese tu encanto.

Vos mirás que hacés,

Seis segundos después de bajar del faro.

Me encadeno en tus sueños,

Beso el botón de nacar de tu cuello

Y lloro a gritos tu nombre, al compás del ruiseñor,

Abrazando tus pantorrillas, se desgrana la sal.

De la tiza surge el carbón,

Otra vez, sos lo peor de la ilusión.


FERDINANDA