jueves, 29 de abril de 2010

569

Es la primera vez que te escribo
mientras desintegro un cigarrillo
en mis labios.

La primera vez que te pienso
solitariamente
en esta terraza baldía
mientras consumo mis instantes.

Y con mi no secreta devoción
anhelo tus brazos
rodeando mi cintura.

Porque mi νού̂ς no concibe
una existencia sin
lo benevolo de la tuya
la influencia
halagadora, absorvente
de tu αγάπη

lunes, 29 de marzo de 2010

585 AUR

Vení y mirá
que el cielo es infinito;
vení y mirá,
conmigo.

Veamos esta tarde
que no puede acabarse todo,
aunque sea por esta tarde
las violetas son para siempre.

Vayamos y miremos
alguna vertiente fluorescente;
juntos,
hoy, que todavía podemos.

Vení y vaciá tu alma
en una de esas
sonrisas nacaradas
para mí.

martes, 16 de febrero de 2010

Para siempre eternamente

Y es que te amo con tanta entereza
que si una parte de mi cuerpo
se negara a hacerlo
simplemente sería expulsada de mi.

Y es que cantabas al cielo
mientras el viento mecia tu pelo;
el Sol ardía de rabia
perdiendo protagonismo ante tu gracia.

¿No notaste, mi corchea,
por que volaban las libélulas?
¿No escuchaste que las murallas
con tu magia se desmoronaban?

Y es que es inmenso el frenesí
que inevitablemente hace estragos en mí
con cada eterno y sutil vaivén
que se da en tus párpados al dejarlos caer.

Y es que es innegable
lo inherente de tu encanto
y es un acto embelesante
que vos, eterna sirena, me cantes.

Y es que dura tanto para siempre,
y nuestra vida tan injustamente perecedera
que sólo me queda amarte incesantemente
amarte para siempre. Para siempre eternamente.

lunes, 4 de enero de 2010

Redención

... Y por favor pido un aplauso de pie...

"...Cierto día, de esos en que las hojas amarillas se abrazaban a las marrones obligadas por el viento y mis pies no aguantaban la tentación de separarlas, de esos en que la belleza del día me susurraba en los oídos que la ame, en que las nubes formaban los labios de la liviandad y el placer del mundo, y en que mi amor por la vida llega a la cima de la mía; levanté la mirada para encontrar frente a mí a lo último que esperaba sonreírle por reflejo: un nene pidiéndome una moneda. No se que pensé en ese momento, en realidad pensé tantas cosas que ahora no puedo recordarlas; sé que solo miré al nene, flaquito, haraposo, sucio, despeinado, descalzo, con frío y seguramente desnutrido...y me dio asco. Lo miré por varios segundos mientras él hacia lo mismo conmigo, sentí que deseaba quedarse a vivir en mis ojos, sentí que su mano se estiraba cada vez más para robarme el corazón...y después no sentí nada, lo aparté de mi lado y continué con mi camino. Seguí con la cabeza levantada, pero no me di vuelta, no veía la necesidad ni la obligación de hacerlo. Llegué a mi casa, prendí el hogar, prendí la tele, prendí la máquina de café, prendí la computadora, prendí las luces de mi pecera, prendí el lavarropas y prendí mi otro celular. Me puse las pantuflas, me puse la bata, me puse la pipa en la boca, me puse cómodo en mi sillón...me puse a pensar. No tendría que haber dejado a ese nene ahí, no tendría que haberle dado solo una sonrisa. Entonces, y la re puta madre, me entró la culpa. ¡Ah la culpa! ¡Horrible y cruel y vil y pesada culpa! ¡Tendría que ser un pecado capital! Pero no, la culpa no es un pecado capital. Culpa, culpa, culpa...así se mueven los que adoran a los pecados. Yo no. Yo se que hacer con la culpa. Se remediar mis actos malos. Me volví a vestir y apagué todo lo prendido. Fui a mi habitación, del último cajon de mi última cómoda retiré lo que tendría que haberle dado a aquel nene. Eran 6 y eran brillantes y él las necesitaba más que yo en este momento. Salí de mi casa decidido. Cada paso era un kilo menos de culpa. Cada esquina era más y más luminosa, me acercaba al amanecer de mi bondad. Y ahí, en esa mitad de cuadra, entre las hojas amarillas y marrones que ya no se abrazan, lo ví...acostado, acurrucado, tapado con una viejo trapito. Me acerqué...lo desperté...le pedí disculpas...estiro su manito y ahora él soltó una sonrisa por reflejo. Busqué en mi bolsillo, y comenzó a sonreír aún más...
Seis disparos. No saqué el arma de mi bolsillo. Seis balas brillantes dormían dentro de él ahora...y ahora él dormía con una sonrisa. Creo que es una buena manera de eliminar la culpa. Creo. No se que habrá creído él..."

Autor: Axx Marquéz

domingo, 3 de enero de 2010

3/01/10




Te paraste erguido, con la frente en alto y la eterna sonrisa acaramelada radiante. Te paraste en el centro y te limitaste a derretir glaciares, a derribar muros y a provocar olas expansivas a miles de kilometros a la redonda. SOLAMENTE CANTABAS, Y YO QUERÍA ARRODILLARME ANTE VOS Y BESARTE LOS PIES.
Los cables se enrollaban y desenrollaban por el suelo como serpientes encantadas por la música de algún flautista árabe. Sin embargo en el centro estabas vos y solamente cantabas; pero yo te hubiera besado los pies.
¿No te das cuenta de que la Tierra tiembla y los mares se abren por cada sol bemol que sale de tu garganta? ¿No vesque ya no tengo forma de evitar la rendición absoluta a tu desmesurada gracia?
No sabés cuanto disfruto sintiéndome tu musa, cuánto privilegio es el saberte mío, saberme tuya, no sabés cuáto amo, ni con que secreta devoción, cada suspiro de tu boca, cada minuto a tu lado, cada hebra de luz de tu sonrisa. De tu eterna sonrisa acaramelada.
Feliz cumpleaños mi amor.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

17:17

Era la primera vez que no ansiaba su llamado de todas las noches, la primera vez que añoraba enfermizamente su presencia sólo para unirme a él en un abrazo de esos que clavan las uñas en las espaldas buscando protección. La primera vez que deseaba fervientemente que entre los dos reinara un silencio absoluto de entendimiento mutuo y que un instante después todo pasara.

Sáquenme de esta caja, que ya no puedo respirar, saquenme de esta oscuridad. Quiero vaciarme las vísceras. Escapar, escapar, escapar.

Me duelen los costados de tantos golpes, me explota la mente de tanto pensar, se me divide la cabeza en mil partes de diversos tamaños de tanto llorar. Escapar, escapar, escapar.

¿Por qué nadie viene a rescatarme? Esperaré la llúvia púrpura, esparé tu abrazo. Espero poder escapar.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Té de Ruda

En un rincón atemporal en algún lugar colmado de humedades venenosas, de vapores angustiantes.
Volar. Correr, tomar velocidad, levantar vuelo y escapar. ¿Qué pasa adenrto mío? Mezcla de curiosidad con terror y ganas de no saberlo. Y siempre el mismo deseo insistente de escapar.

Aromas putrefactos, curvas y contracurvas. Durezas. Escapar, escapar, escapar, escapar.
En un recóndito sitio lleno de telarañas con la necesidad urgente y primordial de vaciarme. Vaciarme íntegra sin que quede el más mínimo rastro de vida en mí.

Pensamientos como vaivenes, como olas de un tsunami destruyendo ciudades enteras que solo pueden mirar estupefactas lo que sucede ante sus ojos, en sus interiores.

Pensamientos destructivos atenuados por recuerdos y un cuarto en la penumbra donde se guarda la más negra y pegajosa soledad.

Y opacidad, solamente opacidad. Como una opresión en el medio del pecho, como un pasillo estrecho que conduce a un solo lugar, y al recorrerlo sólo se pueden sentir las más hondas y desesperadas ganas de volver. De dar la vuelta y salir corriendo.

Como alguien enterrado vivo que araña los lados de su ataúd y desgarra su garganta con alaridos.

Como una herida que no sangra pero que sigue abierta en el medio del vientre. Y quema.

Y en medio de la opacidad, siempre la necesidad de escapar. De crearse un mundo paralelo donde sólo haya hedonismo, donde los faroles ardan eternamente sin consumirse nunca, sin que uno deba pararse a pensar. Sin que uno sienta las ganas de arrodillarse, hundir las manos en la tierra y llorar.

Delia